A sus 9 años, la sentencia de Zafira estaba dictada por un sistema que solo entiende de rentabilidad. Al enfermar y no poder ser montada ni utilizada para el trabajo, su «vida» dejó de tener valor para quienes la poseían y su destino era el matadero como carne.
Pero en la Fundación Santuario Vegan, sabemos que una vida no se mide por su capacidad de servicio, sino por su propia existencia.
Rescatar a Zafira fue nuestra forma de decir «no» a un mundo que descarta a los seres vivos cuando dejan de ser útiles.
Zafira no es «una yegua con cáncer»; es una luchadora que ya ha vencido al primer asalto. Tras una operación de éxito para extirpar el tumor más grande de su oreja que le estaba generando muchos problemas, ahora se prepara para su tratamiento de inmunoterapia para poder sanar.
Muchos dijeron que no merecía la pena el esfuerzo por un animal que «ya no sirve». Nosotros decimos que merece todo nuestro esfuerzo precisamente porque tiene toda una vida por delante: la suya.
En nuestro santuario, Zafira no tiene que cargar a nadie, ni obedecer órdenes, ni ser productiva. Su único «trabajo» es recuperarse, sentir el sol en el prado y saber que su salud es nuestra prioridad absoluta.
Zafira ya no es una herramienta. Es una yegua libre, con nombre propio y un futuro que nosotros defenderemos con uñas y dientes. Porque su vida le pertenece solo a ella